Espectros

Supongo que todos besamos fantasmas hasta que adquieren cuerpo.

También obviamos que los corazones bailen con fuego y terminen ahogados en alcohol.

Él sabe que somos débiles hasta que nos hicieron llorar.

Hasta que nos perdimos en gargantas de ángeles caídos, y caímos; nos levantamos y salimos otra vez a luchar.

Todos los orgullosos, alardes de roca, nunca sufren, la soledad les sabe bien.

Si me das la mano, la arrastraré hacia mí.

Si te tuviera, volvería a empezar para no callarme y hacerte todo lo que pienso hacer.

Si no te hubiese perdido.

Y sería fría y echaría de más todo lo tuyo.

Cerraría mis actos y callarían mis palabras: jamás sabrías lo que siempre te oculto.
Lo que lleva tanto tiempo dentro, casi lo he creido mi hogar.

Te daría mi mano cuando caes, te salvaría si te dejases, te haría volar; sin embargo;

¿acaso saben lo que uno oculta?
Las personas se mueven en un baile sentencial.

Todo huele a sentencia cada vez que escucho lo que llega a mis oídos.
Cada vez me duele más el silencio a destiempo, las palabras calladas para siempre, los espejos que no reflejan la luz del alma y las personas vacías.
Pero también, soy más salvaje y menos aduladora, menos tolerable.
Cada vez menos fantasma.

Sabemos lo que se esconde dentro de ruinas.
Si no tuviera otra elección,
lo daría todo por ti.
Quiero sepas daría mi vida por ti.
Pero no me daría a mí misma.

Y una brisa, y tu mirada y la palabra más extraña y el mundo no se detiene.
Sólo eres el piano en la nota antes del do mayor, antes del éxtasis.
Eres el minuto antes de amanecer.
El segundo antes de ver nacer.
El momento cumbre, cuando la vida muere como la belleza, es un no poder, que finalmente termina.
Eres un sino.

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