En blanco

Eres esa hoja en blanco en la que me ahogaría sin pensar.

Todos nuestros besos han sido a destiempo,
desde el primero; que jamás volverá.

Me recuerdas al milímetro que me separa de la realidad.
Contigo vivo en un estado irreal, de no existencia.

Hazme caso si te digo que nunca quise (ser) tan fuerte.
No puedo dejar de pensar que sólo estoy posponiendo la agonía,
alargando el momento del último suspiro:
el último que exhalaremos.

En mi mente eres un contorno desdibujado,
difuminado en una esquina, esperando algo.
A que te susurren la próxima línea
o a que llueva y se limpien tus promesas.

Te imagino tumbado
con tu sonrisa torcida y los ojos cerrados.
En algún lugar de otoño.

Quiero ser vagabunda de mi destino;
no hallar jamás mi lugar.

Estoy cansada de tomar carrerilla y no alzar nunca el vuelo.
Disparos fallecen antes de llegar al epicentro de mi conflicto interno,
mi niebla.
El tiempo siempre consigue congelar mis sueños.

Ahí vuelves a estar, con las manos vacías
y con los pies por encima de las cabezas
de los tontos que caminamos sin andar,
los anclados a la tierra,
echando raíces sin frenar.
En un ciclo que nadie consigue parar.
Nos miras absurdo,
te divierte la mediocridad.

A veces, eres ceniza
y nunca te apagas.
Otras, aúllas
y ladras sin parar.
Entonces yo me vuelvo loca
y no consigo entender la verdad.
Me es inverosímil,
como una historia sin final
y una noticia de menos.

Me vacío cada vez que te digo
que no quiero volver a verte más.
En el segundo en el que echo marcha atrás
ya quiero volver a escapar.

Quiero rebobinar,
y volver al momento en el que no llego a escribir
y no consiguen romperme en versos.

No soy fuego.
Creo en el no ser,
en ser cierto que no soy yo ni nadie.
Que el éxtasis lo mido aquí mismo
con mis herramientas y sin ayuda.
Cierto que ya no predigo el tiempo.
No sé si trueno o lluevo.
Si algún día consigo ver el sol o si sólo me miento.

Qué perfecto parece estar lo incorrecto.
Incorrecto amar,
incorrecto mi país,
mi casa y mi apellido.
¿Quién fue el desesperado que salió primero a romper filas en el amor?
                                                                    ¿Quién el imbécil escondido en la trinchera?

Jamás volveré al huerto,
ni a la hoguera.
No regresaré al desamor
que me vuelve guerrera.
Que me desencadena,
me libera.
No volaré a los artifícios,
a los juegos.
Amante del consumo social.
Y llegaré directa a la antigua soledad
de no pertenecer a ningún lugar.
Sólo yo y nada más, mi único hogar.

No hagamos ninguna tontería
con nuestros sentimientos.
No pongamos en ellos la confianza que necesitan.

Todos queremos aliviarnos del dolor de estar vivos: del dolor de amar.
Cuando hoy o ayer
me dije de hacerme fuerte
y de correr y volar, de amar y arriesgar.
Todo de lo quise hablar y nunca llegué a pronunciar.
Unas veces perderé y otras creeré ganar.
La fe nunca se irá.
Al fin y al cabo, es el único principio que conservo
y el único sentido que se le da.

Miro tus ojos
y espero a observar tu alma.

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