conterráneos
Recordó muchos acontecimientos ocurridos con gran ruido y estruendo ante sus ojos en los últimos años. Humo -susurraba-, humo. adentrarme en una cama unonoventa de la que nadie forma parte salvo yo y nadie me espera en una cama de metronoventa hasta que sentí el frío de los pies. cobrar aliento, es lo oscuro, el bosque inmenso frente a mí y bajo mis pies el suelo se va quebrando, pero llevo hilos que me atan a favor del mundo. sentirme dueña de unas palabras que se han acumulado a los pies de una cama entre enero-diciembre, cuando era grácil, sencilla y fui afortunadamente libre. como un rezo, sobre los pies, invoco desde aquí, hacia aquí, alrededor y en todos lados me tienen que oír como sea, pero tal vez no deba anunciar mi nombre... se me quedan mirando las gaviotas como si fuese un adorno de su marco óptico yo, induciéndome el sueño y estas palabras, se despiden de mí.