Él se comió mi corazón
Él se comió mi corazón.
Y casi no dejó hueco para el postre ni para otro hambriento poeta.
Él escribió versos hallados en mi piel con sal y beso.
Y no dejó ningún espacio para los sonetos de piratas que merodean cerca de mis aguas.
Él se convirtió en heroé.
Y me arrastró a la superficie del lugar donde me ahogaba.
Él me susurró lo que quiso hacer.
Y lo hizo, pero no dejó tiempo de dudas.
Él utilizó mi cuerpo para tocar música.
Y sonó una sinfonía no escuchada, única, envuelta en seda sólo para mí.
Él abrió mi mente.
Y la despejó, la rellenó, saqueó sus principios, allanó el camino de los cosechadores.
Él se cruzó en mi brisa.
Y mis sentidos ya no quieren conocer otra cosa que su olor, su sabor, su vista, su melodía, su tacto.
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