Negra muerte
Hoy he soñado que llevé amapolas recogidas de cada cementerio en el que nos visitamos. Y fui colocándolas en mi caja torácica, una a una. Mis ojos, cuencas vacías. Mi boca marchita. Mis costuras, invisibles. Disfrazada de muerta, perdida, no hallaba la tumba. Nosotros escrito en granito. Ojalá hubiese sido mármol. Y lo peor, quizás no ha sido soñado. En mi memoria es un retrato de nuestra triste realidad. Un recordatorio de lo cerca que estuvimos de no morirnos. Ahora camino por donde casi siempre con el trofeo de unas flores no deseadas. Lobos solitarios se acercan a oler en mí el otoño, a saborear mi risa. Cada boca me enseña distinto a jugar. Cuando llueve, mi caja se encoge. Observamos, y nos preguntamos por qué el temporal decide llevar nuestros nombres. Si corre el viento, alcanza la suerte, la frena de cumplir mis deseos. Me alejo del vendaval, me quiere llevar muy lejos. P...