20032015
Amaneció noviembre con dos versos menos que octubre. Se oyó un estallido al final del pasillo. En el fondo, una pieza de mi pecho. Amaneció noviembre porque era costumbre. Quise parar la salida del sol y conseguí arañar las paredes de mi dolor. Gritaría algún gemido para proclamarlo y se desgarró mi alma entera. A la siguiente oración, no quedará mi latir. Sin embargo continué, poder, pudo, mi corazón seguía donde debía. Resolví la angustia de diciembre con dos tragos por día y nueve por estación de tren. Caían las hojas en el alféizar y lloraba cada gota de sol y cada gesto extraño. Escuchaba los misterios de la tierra, las amapolas nunca huyen de mi vera. Siempre las sorteo, las esquivo en intentos de fortaleza, y sé que volverán a germinar en mi agujero en mi nicho de muerta de sonrisa desencajada por el tiempo de enero. ...