El camino


Hay un camino que me acerca a ti y lo he llamado un poco mío.
Tiene complejo de ajeno y guarda las pisadas de algunos extraños.
Es niño y también es monstruo.
Espejismo de fantasmas y cuna del sol.
Es calma y es tormenta.
Me lleva al rincón más lejano y al más elevado del mundo.
Cambia de estación y parece que se vista siempre de sentimientos.
Cuando se tiñe de otoño; es tímido y paciente, y alberga nuestras huellas como tesoros enmarcados.
Cuando recibe el invierno; es oscuro y predecible, su olor es de mojado y a veces se permite cerrar los párpados.
Cuando es primavera, percibes sus notas de esperanza y alegría. Se vuelve guerrero y empuña la indignación. Trae las ganas de hacernos lo que le hace a las flores. El viento sopla por la ladera de su espalda y eriza sus espigas cuando el temporal te incita a escapar.
Cuando empieza el verano, es llano y callado y recibe los silencios de todo el campo.
Es un camino frágil, pero se hace el fuerte, aguantando el peso de las vidas que recorren sus surcos.
Es un camino irregular: con muchas cuestas y alguna bajada.
Hoy es mi musa y he aprendido a amarla.
Tiene alardes de metáfora y de irreal, pero es palpable y ocupa un espacio entre tu hogar y el mío.
Lo hemos recorrido y lo recorreremos en todas sus estaciones.
Nos incitará a quemar el tiempo, a dejarse llevar y a jugar a saltarse las normas de la razón.
Nos desquiciará y nos arrastrará más hacia su núcleo.
Nos hará fuertes y quizás nos lleve a otros caminos.
Pero tu y yo sabemos, que rocemos por donde rocemos,
el camino será eterno.
Porque existirá en nosotros;
en el presente, o con amargura en un futuro pasado.
Aunque nos consolará la realidad de sus curvas, y el hecho de que hemos volado: amado.
Es el camino que me lleva a ti.

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