Ella
Sigue esperando esa frase que marque un "después de todo lo ocurrido".
Ha creído que haciéndose daño aparece transparente para la luz de la inspiración.
Y muchas han sido las veces que se ha dejado llevar por el dolor, presa del placer causado,
del encanto del veneno traspasado por sus sentidos que escupen negro sobre la hoja.
Otras tantas, ha pensado en ti como un capricho que volvería, inútil y desgastado, jamás le hará volver a sentir igual.
Y no ha podido ser menos cierto y tan verdad.
Pues ella es la contradicción en sí misma, radical, y límite de las cosas opuestas.
Es abismo y cuerda.
Droga dura y blanda.
Ella está atrapada en su autodestrucción, sea en forma de versos o de noches arrepentidas de su amante.
Es incapaz de sucumbir, después de haber sucumbido cientos de veces cayendo en la misma persona.
Cosecha y tamiza las ideas que le llegan.
Aprende cada día para desaprender y olvidar.
Es marea alta que persigue las carreras de los niños en la playa.
Es marea baja, se limita a esperar los tesoros que traiga el (hombre) mar.
Incluso es orilla y hace puente entre besos e interlocutores para que lleguen sus intenciones a buen puerto.
Ella es torpe y reconoce sólo los errores que aseguran, no cometió.
A menudo se siente menuda.
Pero de vez en cuando es gigante y reúne la fuerza de uno.
Nunca le gustan las palabras salidas de su boca, le da fe a las escritas.
Sabe que no le sale mal, sin embargo, no confía en su voz ni en su pluma.
Deja esparcidas sus líneas, probando la suerte que le conduzca a su sueño.
Sonríe y enfada al papel cuando se siente orgullosa de su estrofa o termina decepcionada con el paisaje erróneo que termina plasmando.
Es la actriz de cada uno de sus fantasmas, convertidos en personajes del guión de la historia que sacie su crueldad; la que se le antoje a su humanidad.
Cuando vela, prende y enciende las ilusiones de artistas condenados.
Aunque, también, como todos, vela se consume y se apaga, convertida en ceniza y en humo. Se desvanece. Persigue cualquier luz.
Es engranajes complicados suplicando tu marcha. No vuelvas a acudir después de que retroceda y te susurre sus quejidos.
Cobarde como el timón que quedó sin dirigir por el marinero. Él no quiere guardar distancias, se quiere aproximar a la tormenta y alejarse lo más posible de la cordura que ofrece tierra firme.
Valiente como si quisiese tomar sus propias medidas sin pedir consejo. Se yergue y saluda a extraños. Anda con las pisadas de soldados decididos a luchar: está segura de sí misma.
Se ha atrevido a charlar con la muerte, a tutearla. Ha intentar vengarse de ella.
El resultado han sido demonios que sólo le dejan en calma cuando los plasma sobre la palabra.
Ha sentido vacía su alma, llenos sus huecos y desnudos sus principios.
Se ha sentido sola cuando ha estado acompañada y se iluminó en la oscuridad total.
Y ya sabéis, ella es todo lo que quiera ser, pues lo único de lo que es dueña es de sus instintos.
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