respirar
qué terrible agonía qué atardecer nos mece esta vez qué sueños nos vencen tú que me escuchas y yo que me escribo amamos este momento como cualquier otro llévame lejos la voz gime y este escenario nos canta con la sutileza de un gorrión y agradecemos este origen y aquel final y nos dejamos hacer por la vida; por ser risa y abrazo tal vez mañana no nos cubra esta luz quizás no seamos capaces de abrir los ojos hacia la verdad ni ver más allá de este horizonte y sus nubes y su niebla ni alcanzar con nuestro corazón al faro allí donde guíe estoy atada a este mundo, guste o disguste mi alma así me rindo ante su fantasía y tropiezo con el clamor de su fuego así me pongo en contacto con la tierra y me invade su energía y hasta olvido mi época, las razones, los principios, los manifiestos, los sagrados libros, los versos, al marinero olvidadizo, al mar y la tempestad, lo agrio, lo dulce, mis monstruos, a los otros y sus propios monstruos, las normas, el decoro, lo superficia...