Sin título
Sigues invadiendo mi alma
como si la palabra
todavía
no hubiese sido escrita
al callarme tus labios.
Perdura en mí la sensación de volverte
más primavera que nunca.
De desvestirte las lágrimas y recoger tu dolor,
y acostumbrarme a tu risa cansada.
A tu ropa desquiciante
que tanto calmaba,
como tu amor palpitante
raja ahora mis heridas.
Los surcos de donde manan las lágrimas
saladas.
Su beso es un suspiro breve.
Mis alas en tu pecho.
Mi memoria está clavada.
Las ventanas observan deshacerse el otoño, se sellan.
La puerta, siempre abierta
para la enamorada.
Y las horas fueron efímeras
cuando el amor gritaba.
Ocupaste la ausencia
para dejar más hueco
al vacío de tu marcha.
Recostada en mi miedo
fui culpable de hacerlo en tu regazo.
Allí sonaban tus latidos en
mis oídos.
Los mismos que captaron tu voz de entre las sombras.
Guardé una amapola para la derrota:
nunca supe aceptar la victoria.
Mi silencio pedía que comprendieses
sus súplicas.
Y sólo ciertas veces ocurrió que escuchabas.
Entonces, déjame olvidar
tus frías manos.
Aquellas que arroparon un momento mi fuego.
Y fui tuya. Y aún te quiero.
Hasta que todo muera
todavía
es eterno.
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