Después

Salí y
Miré a las estrellas, te encontré en cada una de ellas.
Me dicen que debo vencer, debo seguir.
Y así lo hago, buscándote en cada matiz.
La vida me devuelve lo que un día te llevaste.
Arropada en amapolas te fuiste como los niños que juegan con la orilla en la playa.
Te fuiste apagando, frágil, y en el segundo más efímero una mirada me anunció que ya te habías marchado.
Para siempre, que nunca sabremos donde acaba.
Y como entonces, hoy suplico a cualquier fuerza, que te traiga de vuelta.
Y como respuesta, mi pecho se ahoga entre quejidos de defensa, sobreviviendo a la tormenta de la muerte.
Al echarte de menos con la rabia suficiente como para parar la salida del sol.
Y lo hago dentro de mí.
Te espero corriendo hacia la juventud como queriendo tirarla por aquel puente.
Como si esa noche, me hubiese lanzado al vacío.
Allí quedó una parte de mí, allí le vi los ojos.
Juré que viviría para enamorarla, así me llevase con ella.
Todavía no lo he ganado.
Me cantas hasta el sueño.
Me duermo en la ingravidez de tus brazos.
Estoy cansada de vivir sin ti.
De querer vivir sin ti.
Me dejaste sola en el ruido del mundo, de la gente que no escucha lo que ruge dentro de mi alma.
¿te encontraré?
Llévame contigo, me duele guardarte tan cerca de mi corazón.
Me sentiré bienvenida.
A la oscuridad de los párpados,
a las sombras del no despertar jamás.
No me sentiré mal por mí, sólo quería saber.
Muy dentro de mí, confesaría me quiero ir.
Al mundo mejor. Tiene que existir.
Tienes que estar ahí.
Vuelo, tiras de mí desde un cielo que no se ve aquí.
Mis alas quieren luchar.
Estás tú en el viento que me alcanza y pide que avance más, un poco más.
A ver que hay debajo de la caída, debajo de la profundidad de mis heridas.
Sin límites, arriesgando al azar, buscando llegar a ti.

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