Negra muerte


Hoy he soñado que llevé
amapolas recogidas
de cada cementerio
en el que nos visitamos.

Y fui colocándolas
en mi caja torácica,
una a una.

Mis ojos, cuencas vacías.
Mi boca marchita.
Mis costuras, invisibles.
Disfrazada de muerta,
perdida,
no hallaba la tumba.

Nosotros escrito en granito.
Ojalá hubiese sido mármol.
Y lo peor,
quizás no ha sido soñado.
En mi memoria es un retrato
de nuestra triste realidad.
Un recordatorio
de lo cerca que estuvimos
de no morirnos.

Ahora camino
por donde casi siempre
con el trofeo de unas flores
no deseadas.

Lobos solitarios se acercan
a oler en mí el otoño,
a saborear mi risa.
Cada boca me enseña distinto
a jugar.

Cuando llueve,
mi caja se encoge.
Observamos,
y nos preguntamos por qué
el temporal
decide llevar nuestros nombres.

Si corre el viento,
alcanza la suerte,
la frena de cumplir mis deseos.

Me alejo del vendaval,
me quiere llevar muy lejos.
Pide que cabe un hoyo
donde enterrar el ababol.

Me giro,
en su contra,
le grito que soy lo que amo.

Y él ya me ha respondido
'suicida'.
Ayer,
que arriesgar no es siempre correcto para los valientes.
Que querer a veces implica dejar ir.
Que los días tristes son mis favoritos.
Que la soledad no es la ausencia.

Recuerda lo que olvidé
por estancarme en la luz del pasado.
Recuerda cómo me gusta
todo lo perdido contigo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

resurrección

leave

patrimonio