Pecados

Enamorarse como entregarle las llaves al ladrón, o la soga al suicida.
Si no, qué manera de amar.
La de desear marchar,
cerrar la puerta,
abrir una sóla ventana.
Por airear,
a los turistas habrá que saludar.

Amapolas
miran desde la mesilla
el ventanal.
Discurre nuestro amor
carnal
en las cortinas.
La nostalgia,
el recuento de lo sucedido
lo hacemos dándole la espalda.

Cada vez que nos despedimos
juramos no volver a vernos.
Pero como cualquier pecado,
crea adicción.
Y nosotros somos dos yonquis
de lo que nos salve de la realidad.

Te entrego toda mi pasión
y me matas.
Me apuñalas
y no sangro.
No dejo de pensar
que el desamor
duele igual.

Sentimos los mismos centímetros
quemándonos.
Nuestra biografía será monosílaba.
Fin.
Y la redactarán los que advirtieron
no funcionará
no servirá.
Al final del día
no te hace falta su luz.

Como creyentes
acabamos castigándonos
por olvidar fe.
Y es una espina peligrosa
la del perdón.
Pues cuando se clava
pide cada vez más.

Nos desdoblamos
en cada muro encontrado.
Nos atamos a cualquier
coincidencia.
A lo que sea, que nos aclare
que esto debe continuar.

En tu pecho
me siento demasiado segura.
Es arriesgar mi protección.
Es olvidar cómo se siente
el no ser amada.
Nunca dejáis recordármelo.
Ya resolveremos por segunda vez
el acto de amar
con las mismas ganas.
Con la misma energía,
salvaje.

La palabra prohibida
todavía;
tengo ganas de nosotros.

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