Carta de amor

La oscuridad me arropa
y se siente como la perfecta compañía.
Yo tampoco puedo.
La muerte conocida
la muerte enamorada
espera debajo de mi piel a que deje de latir lo que ahora sólo es eco.
He estado tantas veces en ese punto
en el que te crees luna
noche, y calavera.
En el que te despides ya
de lo que serán tus restos.
Besas tus huesos y sanan tus heridas.
Y te acomodas en la tumba
y ni siquiera escribes epitafio.
Desde aquí abajo...
Hoy me muero.
Y parece que ya lo había hecho.
Queda el descanso del cuerpo,
mi espíritu ya está esperando desde detrás del espejo.
Me sonríe y me anima a traspasar este universo en el que no me siento nadie, no me siento parte.
Navego entre cuchillas que piden calma. Entre puñales invisibles que dibujan mi contorno para dejar estancada mi sombra.
Mundo ficticio, de sueño, de papel, forjado con los que están rotos.
Nada tiene sentido desde que no me abrazo a una piel conpromesa.
Retomo el papel mientras mis lágrimas ya no son de un dolor propio, ya no escuecen, no queman.
Me dejo llevar tranquila al viaje de ida.
Y cuando me encuentre con aquel que amó, con aquel que un día juró; le pediré perdón por esperar encontrar en él una solución que siempre tuve yo.

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