Sombra
He construido un hogar donde darle lugar a nuestro calor.
Para los dos.
Estamos en tiempo de vivir(nos).
Y morir.
He inventado un nombre
para apellidar nuestros lazos.
Cerca del mar he errado,
la marea se lleva todas las huellas.
Si no subiese;
tus manos se acercan
y borran las marcas que dibujé cuando me juré no entender nunca esas creencias.
Es momento de vivir.
Pero vamos a morir.
He compuesto para una orquesta de dos personas y jamás me pregunté si era correcto.
Ahora escucho la melodía de varias voces, mientras me desvistes con tu mirada.
He acogido tu sonrisa
como una bandera
que hubiese que clavar.
En alguna cumbre haremos escala y plantaré mis ideas
de besar tu razón.
Darle cobijo.
He intentado entender
por qué el amor se empeña en desverlarme por la noche.
En marcarme con ojeras llenas de sueños por incumplir.
Por qué tú fuiste aquel día y no cualquier otro, y no nadie.
Quiero despejar mi confusión y aclarar este gran garabato de mente.
Qué fue destino. Qué es casualidad.
He creído en ti para darte todo lo que sé de mí.
Y te lo he mostrado como si aún supiese qué quiero decir cuando te pregunto y no deseo respuesta.
Me he devuelto la ilusión.
Quizás no sientas que me desvanezco.
Tus ojos, parece que van más allá.
Antes de ti no quedaba nada.
Era hoguera.
Y me apagaste.
Para volverme a prender.
Quiero visitarte algún día y que no nos prometamos nada, pero nos demos todo.
O me engañas y me hago pequeña.
Como el trigo tostado meciendo al sol.
Recuperaré mi voz algún día.
Son las noches azules las que me invaden de ti.
Y tirito de un frío que viene de mí.
Estoy esculpida en hielo.
He volado con ganas de traerte a mis sueños, a la inocencia de mi almohada.
A contarte lo que hemos sido cuando no mirabas.
A invadirte con mis intentos, saquearte la fe con los pensamientos que siempre asesino.
Verte de nuevo y pensar en versos.
Al final nunca escritos.
Nunca escrito.
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