Pensando en voz alta
Regresa a mi otoño ideal.
Abrázame y hazme tiritar como el primer día.
Bésame casi siempre.
Deséame entre libros.
Dame cuerda con tus versos, pero no me ates.
Sólo estoy pensando en voz alta.
Héroes una noche más,
amantes otra vez.
Que se convierta en un lejano recuerdo el sabor agridulce de las otras luces que nos enloquecieron.
La oscuridad cirniéndose sobre el colchón, abarcando un mundo entero, respirando de nuestra condición de ahogo.
Caigo y caigo en los acostumbrados brazos de mi noche.
Me reencuentro contigo
y nos hacemos de uno.
Te imagino de todas las formas.
Esta es mi noche, una ilusión.
Despejo el juramento
y nada se vuelve cierto.
Cambiamos ideales,
compartimos cama,
andamos muy de vez en cuando entre cada aleteo de mariposa.
Volamos
entre la mezcla de pájaros salidos de otras jaulas, de quejidos de razón, latidos, y todo lo vuestro.
La filosofía es amar hasta que no quede magia que hallar, ojos que desvendar.
Le estoy dando cariño a otro hombre.
Qué ocurre en este abismo.
Si estoy tan perdida que no hallo el origen, cómo me recompongo.
Estás fuera de su alcance.
Llamo entre sueños y susurro: despierta.
Te doy todo lo que ya hayas conseguido.
Acordes ágiles embotados en una única dirección, un único sentido visual.
Mi corazón hizo el recuento de los dedos abarcando todo el espacio entre cada vena, tocó su palma trazando una línea que no acabó, pero con final; acogió el suyo como si fuera su amigo y entregó el calor de todos sus juegos prohibidos.
No me juzgue.
¿Tiene fe ahora?
Nada puede salvarte ya,
sé que estás enamorado de esos ojos suyos, devuélvele ahora tus ganas con toda la ceniza que te quede.
Pensando en alto.
Podría haber muerto todas estas veces, sospecho que sólo has sido el suspiro de un error.
Robado el veredicto, las fragancias rogaron por un último olfato, una segunda opinión;
continuamos cantando el sonido de otras voces.
Pudiendo abrir mis párpados, decides cerrar entre presagios de alivio, los de compañías secundarias.
Subjetivizando la teoría,
convirtiéndola en positiva,
la araña lanzó el último veneno.
No te quedará hueco para empezar otra vez.
Te aferras a una cuchilla ardiendo.
No has nacido en el infierno.
- La de secretaría nos mira mal. -
Deja de tocar mis herramientas.
Deja de intercambiar conmigo tus sentimientos más escondidos.
Atrápame entre tus persianas,
la vista desde aquí me da ganas.
Ya está.
Y otro día será la vuelta atrás,
desamor y paciencia,
rotura y olvido.
Mírame desde allí y cúlpame de todo.
De seguir en pie.
De enamorarme de todo cada día.
De querer levantar cada noche cuando tu recuerdo trae cuesta.
De escuchar rugir la mañana en mi pecho y desear hacerla mía.
De recomponer cada lugar en el que diste con tus balazos.
De reír con locos de Madrid.
De esconderme con el resto por las zonas donde aún no nos perdimos.
Del aún, del todavía, de pensar en alto, de escribirlo, de pensar.
Adiós. Adiós. Adiós.
Finitas veces al día para no volver a vernos.
Para equivocarme en cada despedida.
En maldecir mi poca firmenza, en perder mi cabezonería, en hacerme de hielo cada estacion de tren.
Regresión de un futuro que nunca viviré.
El borrón huele a tormenta.
No puedo dejar de escribir sin una promesa de por medio.
No recopilar todas las penas sobre ti.
Decirle a mis esquemas que él fue un clavo entre la pared y el centímetro que me salva de ti.
Nadie trazará la ilusión de nuestra perdición.
La magia de unos ciegos.
Nadie enseñará nuestro camino cuando llegue al río.
Terminando de pensar en bajo;
mis letras susurran entre ellas súplicas de espera y ojos de rogar y versos por acabar.
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