Reifier
Le gustaba el café caliente, con mucho azúcar.
Y me esforcé por poner(me) más dulce.
Le gustaba mirar las piernas de las santas que se pasean por Madrid.
Y me quité la vergüenza para mostrárselas cuando quisiera.
Le encantaba sonreírme con sus marfiles galácticos, de ningún lugar por conocer.
Y sólo, para que yo le devolviese la sonrisa.
Le veías blandiendo su bandera, partiendo mi cielo, por una avenida de aquel camino.
Y yo quería tener su fuerza, quería levantar el puño por nuestra guerra.
Pero querer nunca fue suficiente, y al final miseria.
Le decía que no había habido nadie más bonito que él, pero nunca se lo creyó.
Y cuando volvió el sol y emigramos, olvidó su fe y me abandonó con el amor de un ateo.
Le pedía regreso y ayuda;
y palabras en verso escocían desde un letargo insistente.
Y ya no volvió, y nadie quiso saber del pasado.
Aunque ahora, cuando ya llevo todo a cuestas y casi atado, cuando deseo a otro y olvido tu nombre - a veces -;
¿Sigue alguno de los dos anhelando?
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