Desnuda
Para sentir el frío
hace falta desnudarse.
Así me encuentro.
Desnuda de mí.
Me sentí de ese modo, inconexo, de aquel que persigue niebla desconocida.
Lo que uno cree merecido.
Sigo aquí, queriendo alejarme de todo lo que ate.
Sigo seca.
Tras largas tormentas, ¿dónde pudo acudir?
Llena de mí.
Un poco perdida y sin soluciones.
No me salves.
El abandono a mi letargo.
Una pista de aterrizaje recuerda a las víctimas que ninguno tiene ciudad.
Los trenes llegan y aún no partimos.
Todavía esa voz de retención,
de llamada en espera.
¿y si llegas, qué?
Dicen que el tiempo suelta,
déjame arrastrar.
He olvidado algunos de mis planes por ti;
¿vendrás?
Necesito más.
Antes del chispazo de pérdida.
Las nubes grises esperan detrás de ese edificio donde amparamos al dolor.
Donde se le da cobijo a las dudas.
Pude seguir pronunciando tu nombre,
hasta que dejases de oír ruido.
Alude a nuestras historias,
responde desde aquella orilla
lo que tuve que haber dicho.
Y nunca, hoy, supe decir.
Tantos de esos fallos
en los que no me encuentro.
He hecho bien.
La esperanza regresa
y la verdad ahí queda.
Sin conocer la respuesta,
ya aprendo la lección.
No quiero de tus labios la súplica,
marcharé.
Soy amante y pianista de mis intenciones.
No es elegante, y a nadie le importa.
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