Valiente

entreabiertos o entrecerrados
          los ojos
aún no se permiten soñar.

sumidas en tinieblas,
las personas hacen de los sábados
la rutina de un día festivo cualquiera
y del domingo la penumbra en mi habitación
esperando a que aparezcas sin piel
por primera vez.

somos dos espirales dándonos cuerda en bucle,
y nunca nos mojamos.
quiero perderme en tu enigma
y no encontrarle el sentido a nada.
sólo llevarte de la mano a ratos
hasta la cervecería más cercana
y relatarnos el dibujo del pasado;
tontear como solía hacer allá cuando
era vecina de mi soledad.

la improvisación más exquisita
y un licor del bueno.
las bragas cartas sobre la mesa
y me quedé sin apuesta.
de punta en negro,
el luto de mi marfil
rebota en un reloj próximo
que no quiere marcarme la hora.

calla calla calla, me
sale sólo suplicarte desde lejos.
qué oscura está la calle
cuando paseamos.
esto no es una propuesta,
es más bien una exigencia
y la carta de reconciliación
con nuestros cuerpos.

en el vagón del mediodía
no nos queda más remedio
que agotar la enfermedad
de amar.

en la pasajera que viaja
desprendida y llena de su juventud,
nos reencontramos sin adivinar la despedida.

cuéntame los segundos que nos quedan
hasta volver a derramar el insomnio de las dudas
por nuestras ventanas.

desempáñame lo peligroso de estallar sobre ti.

susurra rápido: márchese
si no me dices nunca
ni prometes nada,
deja de parpadear.

no saldré huyendo
como todas las últimas veces
en las que las palabras
fueron engaños sobre el papel.

confiesa; ¿alguna vez me has visto venir,
                o fue tu dulce alucinación nocturna
                acostumbrada a algo parecido a mí?

quizás no quieras que descubra tu escondite:
                                                                        te ocultas entre la multitud.

me clavas tu mirada
y exhalo la sustancia de la inexactitud
de ese tiempo que usé para ausentarme de ti.
dándome la vuelta despacio para intentar alcanzarte,
como si por crear el conflicto eterno,
me despojase de una puta vez de estas ganas terribles
de llenarte las encías de flores
y de arrancarme la primavera para regresar.

como si después de todo pudiese regresar.
como si de verdad supiese que lo aguantaría.
como si tuviese la valentía.




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