INvierno

como las cuerdas rasgando la guitarra
que despierta la canción,
así de sencillo
me encanta cómo lo conviertes todo.

podíamos haber sido dos extraños,
pero aquí estás,
delante de mí con tus labios apretados
y tu mirada limpia.

ojalá no envejezca el otoño
y no dejemos de ser estos gatos que trepan a la luna
sin lugar en la tierra
más que en tus manos.

interviene el tiempo
en nuestras costumbres.
una vez me dijiste que de puntillas me desfiguraba entera,
que no era yo.
entonces te calmé con lo llano de la mediocridad.

si no tener miedo ni precipitarse
son las buenas intenciones,
me callo la noche de los martes
para no confesarte que voy sin frenos
y me siento siempre sola.
para no soltarte sin filtros
que otros cuerpos ahuyentaron
mi espíritu en la cama.

quizás sea muy atrevido.
las zonas áridas es lo que tienen,
nunca te encuentras.
es un luego continuo,
crecer para conocer
y ya lo estoy haciendo.

hace un rato estabas reflejándote en mi piano
y las notas no quisieron sonar
en mi pecho tus llamadas entrantes
penden de una respuesta.

por mucho que me jure que el amor
se suele despedir en el peor momento,
llegas tú y lo arreglas con tu luz.

quiero dejarme hacer por tus manos,
por los abrazos cálidos
y por las veces que nos quedemos en vela
imaginando por qué brindar.

cambian las fechas señaladas
es otra melodía,
otra voz;

llega el invierno y me descongelo.






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