Piezas

No sé cómo explicar una sensación que se me clava por todas partes, sin ningún punto concreto.
Se me abre el corazón y las lágrimas manan de sus heridas.
No lloro de nada más que la angustia de saber que supe que sucedería, que la culpa es mía.
Y caminas despacio, intentando arreglarte, encontrarte entera entre tanto caos y decepción.
Te das cuenta de que la verdad pesa sobre los hombros equivocados y de que a ti no te han dado el placer de ser.
Que por mucho que me hiciese feliz, ese rincón se vuelve ausente y dejas de importar.
Sin explicaciones.
Una historia tan complicada rota sin sus motivos.
Que ya no me quieres, es cierto.
Pero tal vez yo tampoco.
No puedo ser consciente de ello si cada vez que se me cruza la posibilidad, me opongo.
Resisto, esperando llegar a un beso que me resuelva las dudas y me traiga a mí de vuelta, y nos devuelva a estar más cerca de un nosotros.
Y soy tonta, por apoyar ese beso en los labios inadecuados.
El beso es de conquista, pero hacia mí. En la fuente desde donde parten mis problemas, donde comienza el abismo más grande de mi vida.
El de no quererme.
Y me doy una oportunidad, lo intento conmigo, pero es un amor difícil.
Es un amor demasiado frágil, que se rompe con solo mirar su reflejo, con solo sentir su tacto, y su ignorancia.
Ya empezamos a deambular por estas ciudades que te llevan a tantas conclusiones, que al final no te llevan a ninguna.
Estoy cansada de esperar,
esperar a que ilumines tú la senda con unas palabras de comprensión.
Esto ha sido demasiado necesario.
Me di cuenta antes, pero no supe aceptarlo.
Quizás con esto es suficiente para que todo salga bien.
Me quedará impreso el interrogante, el y si.
No sé cómo tacharlos.
No sé cómo sobrellevar algo eterno, algo tan grande que a veces se sale de mi pecho y desemboca en otros corazones.

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