Espiral
Me encanta cuando tu pecho late al ritmo del mío. Y nos agarramos los pedazos con las manos, y el mundo vuelve a tener un poco de sentido.
Escuece la sensación de saber que me puedo acostumbrar a tus apretones porque sí, a tus aullidos sin querer cuando te vas a caer, a tus precipicios imaginarios.
Y cuando te acercas despacito y en vez de susurrarme, me gritas; ya no hay memoria que me traiga de vuelta.
Entonces, todo se vuelve a traducir en una espiral de la que no sé si debo salir, no sé si quiero seguir y no sé si es mejor hacerlo. Y por algo hay que empezar para entender la ecuación que vuelve a amenazar mis cicatrices.
Mi corazón se acelera si me hablas de tus sueños. Ya no hay camino en diagonal que me traiga al inicio. Sólo sendas que recorrer para cuando tú no estás cerca de mí.
Así, voy besando los besos que me van dando. Voy cruzando Madrid con una sonrisa para los turistas.
Y una vez todos se van, una vez la calle se queda vacía; camino sola entre una multitud invisible que me empuja hacia la luz.
Así, cuando llega la noche, cómo método de supervivencia, me quito la careta de humana y me convierto en criatura.
Voy resolviendo todos mis acertijos.
Me desnudo en los brazos de la oscuridad y quedo atrapada en un nido seguro y vacío.
Así, me quedo tranquila, hasta que llegue el nuevo día.
Comentarios
Publicar un comentario