Mientras tanto

No sé si correr a llamarte y jurarte que nunca es tarde, que cojamos la otra estación del mismo tren para volver a empezar desde un lugar distinto.
O callarme y morderme las costuras y lamerme las heridas.
No decirte que me calles tú, que suena mejor.
No sé si llamarme a mí y declararme culpable de haberla perdido, suplicarla que vuelva, porque la echaba en falta.
O vestirla y pasearla por Madrid con las ganas más adictas y la sonrisa más bonita, firmar tratos de paz en las bocas de los poetas náufragos en busca de mujeres-isla porque amaban a una mujer-mar.
Mientras que se me ocurra un plan alternativo, o se me pase el escozor de reventarte a no sé bien qué; voy a andar sin prisa, pero deprisa. Voy a correr hacia las puestas de sol, para aguardar despacio a la noche.
Esperar a que se desvista rápido, no vaya a ser que me lo piense dos veces.
Mientras, saltaré de algún abismo para recuperar altura.
Me encontraré bienvenida en algún tiempo entre antes de ti y ahora, que no sé tampoco muy bien como llamarlo.
Porque ayer fue todo lo demás y tú rompiste todos los tiempos verbales.
Ahora, sin ubicación exacta, reviso todos nuestros engranajes esperando encontrar el fallo técnico, repararlo, y traernos de vuelta.
Solo sé que ha sido una suma a ninguna parte camuflada de despedida.
Y yo sí te sigo escribiendo porque te pienso, y existo.
El momento es ahora, el momento es aquí, y tienes que agarrarlo.

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