Marzo
Querido Marzo:
Sigo escribiéndole a una estación que no llega.
Sigo pensándote con mayúscula.
Soy de símbolos, y llegaste el primer día de primavera.
Cómo dejar ir la manera en la que florecimos junto al resto de flores.
Cómo olvidar la idea de dejar mal a los cerezos.
Cómo decirle a mis recuerdos que ya no quiero nada con ellos.
Si aún sentía tu sabor en invierno.
Si debería callarme pero no puedo.
Y aquí terminé, sin saber qué culpar, sin conocer mis límites ni mis heridas.
Aquí, que no sé donde es, intentando que las flores se marchiten.
Esperando a ser fuerte y enfrentarme a la hora de que sean cortadas.
No quiero escuchar de ti, no quiero ver personas con ojos de devorarte, de hincarle el diente al dolor que todavía no conocen.
Me niego a quedarme parada oliendo tu fragancia en octubre.
Quiero ya desprenderme de sus intenciones, de las ganas, de la sed.
Y no encuentro tu alma en el espejo de ningún ojo.
Y no encuentro tus palabras sobre mi piel, tus caricias sobre el papel, tus versos entrelazándose con los míos.
Nunca quise conocer la poesía hasta que tu mirada se unió a la mía.
Prometí no escribirte una sola carta más, prometí que no me inspiraría una idea de esa batalla.
Pero nunca he creído, todavía no he comenzado a escucharme.
Ahora me doy cuenta de que le escribo a un fantasma, al reflejo del latido que una vez tuve.
Debería empezar a desenterrar las semillas de tus días para dejarlas esparcidas en ningún jardín.
Debería enterrarlas en mí, para crecer y empezar a vivir.
Marzo, pactemos fabricar la primavera sin necesidad de que vuelva el sol.
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