Me llama desde lejos
una voz que grita tu ideal.
Sorprendente realidad,
te trajeron a mi vida.
Yo no rogué por otro de estos misterios.
Pero aquí estamos,
hablándonos sin mirar a través del cristal.
Ventanas rotas,
¿por qué?
¿Por qué gira el mundo sin encontrarse,
y nosotros ya nos abrazamos?
La esperanza de tu amor partido en dos
respira melancolía.
Una amapola me atrae al hogar.
Ya no puedo estar sin tus palabras...
Seré ilusa, seré piedra en tu senda.
Quiero ser viento, quiero ser viento.
Y así poder acunarte cuando solo,
y así estar cuando no hayes faro.
Es inútil expresar
sentimientos confusos.
Palabras agridulces que saben a un mañana.
No me lo digas mientras no lo haya.
Aquí estoy,
esperándole en el de las siete,
en un banco al final del túnel.
En una llamada en espera.
En otro invierno que se va...
En otro truco de magia,
encontraré el sentido.
Entonces, te escribiré sin dudar;
algo para recordar.
De lo que estés orgulloso,
llenar algún espacio gris
conmigo.
Deseo ser alguna luz y
no un simple destello.
Dicen: las cosas más bonitas
son las que no vemos...
¿Estás tú en mi horizonte?
Pues guardarás tanto galope,
tanta pasión;
esto es precioso.
El momento, el momento.
Se nos escapa sin miramientos,
un tiempo que luego querremos.
Tres patas para hacer equilibrios:
¿ves que no?
Tengo miedo,
a ser convencida por este juego,
a no quererme despegar luego,
a que nos dejemos ir...
A terminar una historia
que nunca empezó.
Sé que soñaré con que sueño
con las ganas de ser más de lo que tengo.
La llama arde, prende, se apaga.
Se apaga como cada amanecer.
Siempre seré llama,
llama ilusionada.
Y tú serás;
quizás la nada.




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