04042015

Gritar.

Gritar despacio

con todos mis aullidos

y latidos.

Desnudando el sentimiento,

destrozando mi alma,

entregándote su peso.


Puro.

Puro busco en el lenguaje,

adentrarme en algún simbolismo.

Lunar, plateado, rocío de la noche,

envuelto en sueños infantiles

que se comen la mirada

de quien nació en un corazón viejo.

A veces, conoce la experiencia que nunca probó

o la respuesta a una pregunta jamás formulada.

Me dicen la edad y me es incierto,

como ser jaula y prisión de tantos matices fugaces,

de meses venideros cayéndose del calendario.

Inefable: complejo y directo

escribir las palabras de otro.

Me entiendo,

pero sólo lleva mi nombre.

Me resulta familiar y lejano.



Graznido de ave

lo mismo que un llanto

o un cacareo que

rompe con esta fantasía,

invisible se desvanece y

alcanza mis límites.

Escucho y siempre quiero más.

Cansa la pesadez de lo ordinario de la rutina.

Lo difícil a los ojos se escurre en vuestras cabezas.

No percibáis cada nota:

la belleza cuanta metáfora

la armonía del conjunto natural.

De las pequeñas imperfecciones

que me hacen sentir un placer agudo,

tornase en dolor.

Todo en la mano,

abarco un universo frágil

y mis párpados mojados

deliran por la necedad de compresión.

Como ser náufraga

en una isla tan desierta

donde sólo caben ciudades,

llenas de gente vacía,

edificios congelados

por el sol de cartón.

Se me desgarra la voz

entre tanta fotografía de plástico.

Tanto adorno, mas barato.

Que se carcajeen de vuestro

nimio sentido común.

De vuestras vagas esperanzas

de ver brillar un futuro hueco.

Tres cabezas tejen

vida de millones de cadáveres.

Hablamos de personas pudriéndose,

dándose cabezazos,

balanceándose en un péndulo

tan grande como Madrid.

Hablamos de sentirse oprimidos;

tener los ojos abiertos y mudos.

De tantear una adivinanza

que se avecina peligrosa.

Un huracán conmocionará,

detendrá la población.

Estas palabras cargadas de impotencia

y sentido,

torpes y ciegas se colarán en la ignorancia

de mentes perdidas.

Hablamos de una luz tan real

como ese dios.

De la fe en propagandas

mal colocadas;

qué agonía,

 persiguen vuestras manos.

Tan oscura como el mañana.

Tan capaz de haceros creer

que papeles impresos por el titiritero

llenan vuestras vidas.

Por todos esos brindis de sonrisas estiradas

que brindan vuestro asesinato.

Perder el tiempo en rezar

a quien no escucha.

De reclamar lo que es vuestro

a quien se muestra impasible

ante vuestro sufrimiento.

Hablamos, de querer parar esta sílaba

y agarraros de las manos,

de levantar cabeza

y golpear, por fin, al sistema.


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