26-02
parece que los domingos se anuncian como cuando terminas el postre y pides más: dices que no es suficiente.
se iluminan gradualmente, como si supurasen la luz de todos los días previos.
me imagino al icónico dios esparciendo todo el sinsentido del mundo en días como este, para equilibrar sus deseos.
entonces me pregunto por qué nos ahuyenta de su creación para atraernos siempre hacia la oscuridad de su enemigo.
y me respondo que él también se intenta perdonar, que él también está dolido por la traición.
en días como este me llega repentinamente la palabra que llevo esquivando toda la semana.
escucho a la culpa, a la decepción y al engaño pactando con todas mis promesas y súplicas, suturando lo que esperaba oír desde hace tiempo: el perdón.
y me entrego, me aflojo como una muñeca chica, me elevo a la séptima nota y me repito como hace siete días que éste debía reflejar la perfección.
y entiendo que la perfección se halla en la creación, pero que nosotros sólo somos humanos y reflejamos la podredumbre.
así, me miro en el espejo un domingo cualquiera, con las armas preparadas, dispuesta a decirme todo lo que los otros se callaron; las peores verdades.
y estoy gorda y fea y asquerosa y soy narcisista y egoísta y sólo sé escribir sobre mí y compartir mi odio y no sé dar y sólo doy y no recibo y soy tonta y mala hija y mala artista y mala amiga y mala alumna y estoy loca y depresiva y caótica y nunca llego.
ya he escuchado suficiente.
me marcho sin que se noten mis pasos, cierro tras de mí la verja, me dejo invadir por esos residuos de luz que dios, en alardes de grandeza, colocó frente a mí. como si fuese mía, como si la necesitase.
como si, irónicamente, no me sintiese viva.
él que me dio la vida. él que me alimentó de la guerra y de la muerte. él que me pedía su amor.
él que me pedía que creyera para que se pudiera salvar. redimirme.
lacónicamente, estallo.
se iluminan gradualmente, como si supurasen la luz de todos los días previos.
me imagino al icónico dios esparciendo todo el sinsentido del mundo en días como este, para equilibrar sus deseos.
entonces me pregunto por qué nos ahuyenta de su creación para atraernos siempre hacia la oscuridad de su enemigo.
y me respondo que él también se intenta perdonar, que él también está dolido por la traición.
en días como este me llega repentinamente la palabra que llevo esquivando toda la semana.
escucho a la culpa, a la decepción y al engaño pactando con todas mis promesas y súplicas, suturando lo que esperaba oír desde hace tiempo: el perdón.
y me entrego, me aflojo como una muñeca chica, me elevo a la séptima nota y me repito como hace siete días que éste debía reflejar la perfección.
y entiendo que la perfección se halla en la creación, pero que nosotros sólo somos humanos y reflejamos la podredumbre.
así, me miro en el espejo un domingo cualquiera, con las armas preparadas, dispuesta a decirme todo lo que los otros se callaron; las peores verdades.
y estoy gorda y fea y asquerosa y soy narcisista y egoísta y sólo sé escribir sobre mí y compartir mi odio y no sé dar y sólo doy y no recibo y soy tonta y mala hija y mala artista y mala amiga y mala alumna y estoy loca y depresiva y caótica y nunca llego.
ya he escuchado suficiente.
me marcho sin que se noten mis pasos, cierro tras de mí la verja, me dejo invadir por esos residuos de luz que dios, en alardes de grandeza, colocó frente a mí. como si fuese mía, como si la necesitase.
como si, irónicamente, no me sintiese viva.
él que me dio la vida. él que me alimentó de la guerra y de la muerte. él que me pedía su amor.
él que me pedía que creyera para que se pudiera salvar. redimirme.
lacónicamente, estallo.
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