Will you?

Acabo dejando que te cueles en mi día
mientras viajo
y miro las ventanas.
Me sueles molestar en forma de recuerdo.
Cuando llegas,
te dejo colgado en las salas de espera
de las que tengo que salir
cada vez que entras.
Por si se me ocurre
volver a volver
a esperarte;
como si nunca te hubieses ido del todo
o todavía existiese en algún sitio
o viviésemos el mismo momento a destiempo.
Mañana, cuando esté mejor,
te irás para siempre.
No entiendes,
amor
que nunca te
he querido como
parece que lo hago ahora.
Si fueses el violín
que estalla en el momento cumbre
te darías cuenta de lo difícil
que es ser ese do del principio,
del final.
De lo difícil que es ser costumbre
y ladera de seguridad.
Cuando ninguno de los dos
hemos estado nunca cuerdos,
ni esperamos serlo.
Cuando ninguno de los dos
necesitamos agarrarnos para sentirnos vivos.

Ven y confiesa.
Estoy cansada de llamarte,
pero más aún de que no te vuelvas.
Tú sigue hacia delante,
quizás tengas qué perseguir.
Aunque,
¿no se te clava esa punzada de angustia?
¿no se te llena la boca de ira?
De pensar en todas las veces que fuimos
alas y pudimos volar.
Y ahora ni pesa el olvido
ni duele el recuerdo
ni se persigue el amor.
¿No pudiste con todo?
¿No me anhelas?
Prefiero a los felices que se luchan
que al disfraz del mediocre.
Aunque tú nunca supiste diferenciar
el disfraz de la piel.
Ni yo supe quitármelo cuando debí.

Escribo esto desde el vacío más absoluto,
sin sentir lo que sentí
cuando tuve que haber escrito estas líneas.
Escribo con tu canción de fondo,
por si me ilumina.
Me pregunta
si se deja de querer,
si siempre lo haré.

Si, mañana; por muy tarde que sea, lo seguiré haciendo.

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