20032015
Amaneció
noviembre
con dos
versos menos que octubre.
Se oyó
un estallido
al
final del pasillo.
En el
fondo,
una
pieza de mi pecho.
Amaneció
noviembre
porque
era costumbre.
Quise
parar la salida del sol
y
conseguí arañar las paredes de mi dolor.
Gritaría
algún gemido
para
proclamarlo
y se
desgarró mi alma entera.
A la
siguiente oración,
no
quedará mi latir.
Sin
embargo continué,
poder,
pudo,
mi corazón seguía donde debía.
Resolví
la angustia de diciembre
con dos
tragos por día
y nueve
por estación de tren.
Caían
las hojas en el alféizar
y
lloraba cada gota de sol
y cada
gesto extraño.
Escuchaba
los misterios
de la
tierra,
las
amapolas nunca huyen de mi vera.
Siempre
las sorteo,
las
esquivo en intentos de fortaleza,
y sé que
volverán a germinar
en mi
agujero
en mi
nicho de muerta
de
sonrisa desencajada
por el
tiempo de enero.
Ni
siquiera quiero mencionar.
Enero se
fue; qué decir.
Febrero
trajo el golpe más bonito,
y fue el
de tu recuerdo.
Como la
primavera cercana
las
flores rotas
y el
paisaje desenfocado.
Escribo porque es lo único que queda de ti.
Te
quiero
alcanzar.
No puedo
ni debo,
esas
luciérnagas extrañas acuden a mi sueño,
aparecen
como en cuento.
Me
reflejo en temporales
del
norte.
Digo que
estás al cruzar
esa
esquina, esa página, esa acera,
al
cruzar las vías.
Prometo
olvidar haber pensado en ello.
Llegará
el reír de marzo
y me
hará un guiño.
Quedaré
atrapada como llama
y la
historia gira y se repite.
Pero no.
Tú ahora
estás ausente.
Tú, metralla.
Lejana,
pero duele igual.
Explota
a kilómetros,
llega
igual.
Fragancia
de puñales,
de dos,
tu cuello y espalda.
Nuestra
fotografía en la pared
de tu
cama dos sombras,
agazapadas
esperando
que todo
se desdoble.
Se
vuelva del revés y
podamos
ser quienes queremos ser.
Juntos otra
vez.
En
sueños lejanos,
sin
ataduras.
En otras
noches,
otros
reencuentros,
celosos
de ellos.
Encontrarnos
en otra estación
en otra
realidad alternativa.
Y seamos
exactos en nuestro lugar,
y podamos
ser nuestros.
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