Olivos
Ayer maduró la higuera,
había crecido con el
abono de su sabiduría.
Creció desde su pecho y
le dolía al alma de
poeta
como las muelas en mis
pesadillas.
Siempre, niebla,
siempre,
el temía ese nosequé
tan ideal,
parece que se fue como
un niño.
En frente mía yo le
preguntaba,
pero él no respondía.
¡Pensaba que mentíais!
No lo quise creer,
dije:
no lo creeré en mi
vida.
Le di la espalda a la
infame realidad,
inefable delante mía.
Helado sentimiento
traspasó todas mis costillas.
Por un momento me sentí
tan frágil,
creí perder mi vida.
Y la perdí, la perdí,
él era testigo.
Su alma no descansa ya
más con la mía.
Le quiero más que a mi
vida.
¿Cómo saberlo?,
si su vida no está en
el lugar donde debería...
Yo le ruego a la niebla
enamorada,
que me lo devuelva en caparazón
de amapolas.
¡Que me cuente la
verdad!, que es mentira que se fue.
Que sólo está escondido
en nuestros lamentos,
que sólo está
aguardando detrás de la huerta,
que me está esperando
en el cortijo.
Dime que habita en esa
higuera,
dime que no es
coincidencia
que mi fruta favorita
sea y
sienta clavada mi alma
en el pecho como la de su padre.
Quiero el regreso de
todos esos poemas,
quiero sus pensamientos
y los recuerdos
de mi abuelo en cajas
de la guerra civil.
Devuélvemelo y te sentencio
este sacrificio.
Lloro, ¿no lo ves?
Oh, te gusta mi dolor,
pero yo no te lo quiero
dar,
que te vuelves a
enamorar.
Temo más su muerte que
mi vida.
Vuelve, niebla, vuelve.
Ayunarás la madrugada,
respirarás amor por
sesenta años,
reirás la vida de cuatro
primaveras.
Querrás escapar del
tiempo y
advertirás que te
ahogas.
Vuelve a hablarme,
que estoy aquí.
¡Aquí, en frente tuya!
¿Cómo te has podido
alejar tanto?
Estabas entre mis manos
y
te convertiste en
arena,
sellaste un lecho en
Jaén;
recibiste el silencio y
los abrazos
del eterno amor de
madre.
Descansarás mejor que
nadie,
te veo y quiero
alcanzarte.
Pero es que me cuentan
que hace mucho te
fuiste...
Pero es que se
equivocan,
tú no escapaste,
la enamorada expiró
contigo.
Os convertisteis en seda,
luego en vapor,
apareció tu existencia,
aunque serás polvo en
cuanto yo lo sea.
Vivirás en estas
páginas si consigo
que atraviesen el
papel.
No las puedo arrancar,
y quiero,
lo intento con los
dientes.
Te beso la calavera,
y me espanta un llanto
eterno.
Suspiro eterno, eterna
niebla.
Amor eterno.
Llueve sobre mi noche,
ilumino la distancia
aún sola.
Y cada vez que me
acuerdo,
que tú con ella, y ella
contigo,
os habéis desnudado a
la muerte;
me tiembla la razón y
quiero deshacer el
mundo.
Romper los espejos
y atar lazos a mis
muñecas.
Volverá la sangre a mi
sueño,
quiero estampar
vuestras miradas
así convertirlas en
verdades.
Que atraviesen la aguja
y se claven en pétalos,
avanzando a favor del
viento.
Siento la controversia,
añoro vuestras cabezas.
Deslumbrantes de
ternura
conocían los secretos
del universo.
Se escaparon sin
contármelos
con la esperanza de que
los descubra.
Mis ojos lloran, lo que
mi alma siente.
No sé cómo terminar y
saciarme
de vuestra eternidad,
sin despedirme de
vuestro amor.
Yo quiero más vuestra
vida que mi muerte.
Que yo quiero más. Que
yo quiero más.
Yo quiero gritar las
dos antologías
desde la cima que os
delata.
Que yo quiero correr
todos los días a Jaén.
Que yo quiero morder la
tierra y traeros de vuelta.
Que quiero dejar claro
que ésta Cubero y su Higueras,
pertenecieron a una
vida.
Pertenecieron en parte
a nuestras vidas y es lo único
que a veces calma mi
dolor y silencia el sufrimiento.
No quiero despedirme
nunca, tengo fe en después del último sueño.
Quiero creer que me reencontraré con ellos.
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